Primero pensé en todos aquellos que no eran parte de mi partido político (es más fácil encontrarlo fuera), pero después de un análisis llegue a la conclusión que debía hacerlo sin defender a nadie. Allí tenía frente a mis ojos a todos los expresidentes, a todos los senadores, diputados, ministros, políticos, etc.
En mi búsqueda, que intenté hacerla de la manera más objetiva que pusiese, también planteaba defensas a los "acusados", y comencé. La presidenta, en primer lugar, con sobre un 80% de aprobación no traspasó los votos, pero luego dije que si ella era la candidata no sacaría dicha cifra, además, quienes votamos lo hicimos en forma libre y ella expresó varias veces quien era su candidato. Luego acusé al candidato, pero él obtuvo la mayor votación en una elección presidencial. Y así desfilaron muchos, hasta que un día me encontré con el culpable de frente. No me quería mirar a los ojos, signo claro de culpabilidad. Le pregunté qué había hecho frente a la corrupción, que había hecho frente a dejar de escuchar al pueblo que antes representó, y otras preguntas, pero no me dio respuesta alguna.
Encontrado el culpable, que podía verlo cada vez que miraba un espejo, me pregunté si podía perdonarlo. Créanme que es fácil perdonar a un desconocido, pero no a uno. Sin embargo finalicé mi búsqueda cuando me dijo que iba a luchar por la unidad y que no cometería los mismos errores la próxima vez que seamos gobierno.